Zelma Raquel Dumm

Quiero el mío

Claudia llevó a su niño a la plaza, luego de discutir con su marido por el pago de las expensas del departamento en el que viven. Damián no le había comentado nada, pero desde hace unos meses viene retrasándose con el pago, lo que la pone muy molesta.
Luis es un pequeño flacucho y algo tímido. Los años del Covid lo han aislado de los juegos con otros niños de su edad, por lo que generalmente se desplaza solo por las hamacas y los toboganes de plástico que le atraen. Pocas veces interactúa con los demás y menos aún, los enfrenta.


El mediodía luce desapacible. Unas nubes oscuras bordean el horizonte y no permiten que los rayos del sol calienten lo suficiente la hierba escasa de los canteros.


Luis se ha acercado a Claudia y con el dedo le señala los globos que ha traído para vender un falso payaso de circo.


―¿Cuál de todos quieres?― pregunta Claudia al niño.


Los hay de todas formas y colores. Los más atrayentes son aquellos que lucen de color plateado, con estrellitas pegadas que refulgen aun con la escasa luz de un día nublado.


Luis observa cuidadosamente cada uno de los globos hasta que se decide por uno de color azul que tiene la forma de un avión con las alas extendidas.


En el interín se han acercado otros niños y cuando Luis señala con su dedo índice el preferido, otro niño se adelanta y dice fuerte, mientras tironea del pantalón de su padre:


―¡Quiero ese de azul, papá, el avioncito!


Ahora Claudia no sabe qué hacer, mira a su hijo, al globero y al otro niño. Por fin se le escapa:


―Mi niño también quiere ese globo―le dice al globero―. ¿No tendrá dos por casualidad?


El globero rechaza la idea con la cabeza y mientras tanto le cede el globo del avioncito al otro niño, tomándolo del piolín.


―Le dije que mi hijo quería ese―protesta Claudia ―. ¡No se lo puede dar, así como así a otro niño! ―insiste.


El padre que no ha intervenido hasta ese momento se vuelve para mirarla, mientras su mano derecha rebusca algo en el bolsillo del pantalón.


―Me parece que sos una desubicada―la ataca ―. ¿Por qué no elegís otro y listo?


Entre tanto, Luis hace pucheros, preparándose para llorar, al mismo tiempo que aprieta fuerte la mano de su madre.


―El desubicado sos vos, ¿por qué no elegís vos otro para tu hijo?


El globero ve que las ventas van a quedar en la nada y se apresura a mostrar sus otros modelos a los dos niños, mientras los padres de ambos se miran.


―Acá tenemos una ballena azul, este otro es un helicóptero, vean qué bonito. Ah…acá tengo uno especial, un submarino, miren cómo flota en el espacio― dice el vendedor.


El chico con el padre observa los globos con el ceño fruncido. Pone cara de enojado y hace un gesto a su padre de que no quiere ninguno de esos globos.


Luis, en cambio, más dócil, se enamora de un globo que parece una nave espacial y lo señala con su dedo.


―Ese quiero.


Aprovecha Claudia el momento y le paga al globero lo que este pide, con tal de conformar a Luis y no continuar la guerra con el otro comprador.


Entonces el padre mira a su hijo y dice con tono confrontativo, al mismo tiempo que saca de la billetera un billete grande y lo exhibe:


―Yo quiero el globo del avioncito. ¿Cuánto vale?


Al darse cuenta de que el otro niño va a quedarse con el globo que él había elegido antes y que no es el que tiene en la mano, Luis comienza a llorar.


―Sos un cretino― le dice Claudia al hombre. Se da media vuelta y trata de marcharse, tironeando del brazo de Luis, que sigue gimoteando.


El padre del niño paga por el globo y sale detrás de Claudia. Pasa por su lado y le tira en la cara:


―En la vida hay que pelear por lo que uno quiere, porque si no, se lo llevan otros. Esa es la enseñanza que quiero que mi hijo aprenda.


Ella le contesta:


―Tu hijo va a aprender a ser un cretino como vos, de eso no me cabe duda.


Luego se marcha, muy contenta de haber descubierto cómo quitarse la bronca de encima y haber podido replicar. Pero entonces el otro niño que va delante con su padre se da vuelta hacia atrás para mirar los ojos húmedos de Luis y pregunta:


―Papi, y ¿si se lo damos? Podemos comprar otros ¿no?


Y en un instante se desprende de la mano férrea que lo tiene agarrado, corre hasta Luis y le entrega el globo del avioncito. Y le dice:


―Yo no quiero ser eso que dice tu mamá. No llores.


Claudia le pasa la mano por el cabello, en señal de agradecimiento, mientras el padre, absorto, se pregunta por qué está perdiendo el tiempo en la plaza, allí con su hijo, cuando tiene tantas cosas importantes para hacer.

Zelma Raquel Dumm (Argentina). Profesora de Letras, egresada de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Actualmente trabaja en la Universidad Nacional de Moreno. En el año 2020 publicó su primer libro de relatos, Mujer en mármol y otros cuentos.  En el 2021 editó su segundo libro de cuentos, “De rarezas y crueldades”. Publica en las revistas Cisne Digital de México y Quinde cultural de Ecuador. La seleccionan para integrar la Antología del nuevo cuento latinoamericano. Latinoamérica cuenta (2021). Edit. Fela de Ecuador y contribuye en Mate amargo, pisco y mezcal. Antología de cuentos latinoamericanos de Norte a Sur. Books.google.com.ar. 2021, junto con escritores mexicanos.

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