Calendarios
Hubo un día
un simple año
durante el cual
el sol dejó de latir.
¿Qué hiciste el año
en que murió Maradona?
¿Qué hacías cuando cayó el Muro en Berlín?
Me repites en plegarias
tus viejas consignas,
y equivocados caminamos por la noche.
Tras la fuerza del temporal,
explotaremos el mar,
sacando minerales y animales
para cubrirnos con su sangre en noches de invierno
y junto a los mitos
que una vez heredamos de los abuelos,
tejeremos familias que dejaremos al crecer.
Nos iremos a nuevas ciudades
y entre polución y desorden
amaremos
y escaparemos de nuevo.
Quiera el cielo
que nuestra voluntad
sea tan fuerte como el mar.
Y quiera la muerte
detener sus pasos
hasta que por casualidad
un día cualquiera
encontremos, por fin,
las puertas que conducen a los días
más felices que tuvimos
en aquella adolescencia clandestina.
Piel
Una canción ilumina la noche y dentro de la fogata,
la guitarra de Spinetta suena silenciando el cañaveral;
pronto, mi amor, nos hundimos en el sueño.
Mientras el mundo en guerra nos lanza comunicados.
Luego despertaremos como viejos amigos
y las estrellas inmaculadas se hacen las ciegas,
porque ningún cielo contiene las palabras del adiós.
Y buscaremos los alimentos con qué cubrir el hambre atrasada.
Buscaremos el mar, iremos hasta sus costas
y trataremos de entrar en él.
Nadaremos tanto como nos sea posible.
Al menos de ese modo podremos elegir nuestra propia muerte.
Funerales
Cuando Maurice Bejart murió
el maquillaje quedó rasgado.
Las cuerdas se elevaron
y dentro de toda la sala se impuso el silencio.
Mi padre estuvo ahí.
Cortó las cintas y puso un lirio en el valle
y quiso el cielo que desde las alturas
bajaran ángeles bajo el auspicio de campanas campestres.
Los libros ardieron
y se perdieron los mensajeros
entre los mares que nunca recorrimos.
Miras en el viejo continente,
mientras fábricas explotan de luz.
Ahora con todas tus edades
observas a la mujer que se desnuda;
te lanza besos mientras mueve las caderas
al ritmo de una canción inexistente.
Quieres ponerte a reír,
pero sabes que no podrás bailar.
Los sueños juveniles se perdieron entre las arenas de todas las universidades.
Madrugada
Me levanto con pijama
y voy a la cocina,
es el otro quien se queda en la cama caliente
y buscando a tientas el antiguo reloj.
Pronto ambos nos despertaremos
y nos miraremos en el espejo
veremos las cicatrices y las plegarias
todas dibujadas en el pecho y entre las manos
ungüentos de dolor anunciando el término de la lluvia.
Usaremos el fuego
y tomaremos café,
nos sentaremos como viejos amigos ante la mesa
para capitular para siempre.
Nos dejaremos en paz.
Anunciaremos en periódicos y poemas
que hemos quedado en paz.
No sabremos repetir por más tiempo
nuestros nombres en las noches
y en las calles
no daremos pasos sobre baldosas cargados
ni de melancolía ni de rabia atrasada.
Ahora unos días más tarde,
como suelen anunciar en novelas y películas,
regreso a casa. Descorro las cortinas y tras la cordillera
no se anuncia sombra alguna.
La cama por fin está vacía
y finalmente, mis palabras
ya no son un viejo rencor.
Christian Jiménez Kanahuaty (Bolivia, 1982): Poeta y escritor. Autor de las novelas Invierno, Te odio, Familiar, Paisaje, Los libros de nuestros padres y Cuidar del fuego. Y de los libros de poesía: Bodas elementales y Moxos.










