Ciudad platónica de Rafael Felipe Oteriño
Reseña Poética
En Ciudad platónica, Rafael Felipe Oteriño entona una canción más alta que su propia historia. Con los versos delicados, profundos y limpios que caracterizan su estilo, evoca la infancia como una antigua claridad que a veces regresa, la casa inicial donde hubo una tibieza irreemplazable y sólo quedan el óxido y el polvo evidenciando que nos hemos ido, el ciclo de las mariposas en su elegía amarilla, la aventura primitiva cargada de verdad junto al Arroyo Carnaval, cierta fotografía en la que permanece y se percibe la vida malherida, el sencillo paraíso de un día azul, de un hombre y una mujer tomados de la mano.
Sin dudas, la distancia reflexiva de Zaratustra en la montaña le ha permitido a Rafael Felipe Oteriño la resignificación y la poesía. Ahora nos deja sus poemas como ventanas a un segmento de sus huellas; a su interpretación, a sus recuerdos y a aquello que lo habita y lo supera.
Obra Selecta de Rafael Felipe Oteriño
La infancia
Ella está sola
en una mañana de 1950.
Un caballo duerme a su lado,
un árbol desprende flores anticipadas.
Sólo el corazón
que continúa encerrado
la recuerda.
Ella asoma en la traición de las palabras,
cuando el agobio de ser uno
en la diversidad
no resiste
y reflota alguna claridad.
Viajes y paisajes,
composiciones y descomposiciones
fueron pretextos
que en la luz no responden.
Ella prueba su leve pie
sobre la tierra
y es castamente feliz.
Ella no ha muerto:
regresa todos los veranos,
oscila frente a los ojos,
sola en su pozo de silencio.
El Paraíso
El Paraíso estaba aquí, en la palma de la mano:
era el día azul, era la costa amarilla
lanzando cabos
para empujar la balsa de la mañana.
Hilaba sombras en un viejo carretel,
sin colmarlo nunca;
luego, lo devolvía a la corriente,
para empezar de nuevo, con patas de gaviotas.
Era un hombre y una mujer,
tomados de la mano;
el porvenir, su huracanado asombro,
desprendido de su dolor;
era el viento de la llanura.
Nuevo, pequeño, temprano;
un vaso lleno de sol en labios de príncipe
(un vaso que debíamos llenar y cuidar
y volver a llenar).
Estaba aquí: temprano.
Arroyo Carnaval
No era un río,
no era el mar donde los compañeros del aula
veraneaban;
yo lo atravesaba sobre troncos atados.
La otra orilla no era un país,
ni siquiera una región diferente
donde la curvatura del mundo fuera más visible.
Allí nos emboscábamos y cazábamos.
Cegados por la claridad,
disparábamos perdigones que no daban en el blanco.
No era un río ni una región ni un país,
las cortezas disputaban a las mañanas sus geografías de luz,
las arañas caminaban sobre el agua sin dejar rastros.
Era lo verdadero,
todo lo demás es una historia que se empeña en retroceder.
Damián Jerónimo Andreñuk (Argentina): Poeta. Nacido en City Bell en 1986 y residente en Villa Elisa, ambas localidades ubicadas en el partido de La Plata, Buenos Aires, Argentina. Ha publicado diez libros, todos a través de certámenes en diferentes editoriales. Además, a nivel nacional e internacional, obtuvo distinciones en concursos y fue seleccionado para colaborar en revistas y antologías.









