
Madre
A Marta Esther Cedrón Plasencia,
en este día universal de las madres,
dadoras de frutos benditos.
I
Llevo en los brazos el hálito
que al nacer me diste;
luz en los ojos, madre clamor.
El cálido resplandor
que mira limpio de madreselvas
y fragantes jazmines,
es mi respiro,
madre del más pausado
temblor de la sangre dulce,
que junto a ti soy.
Fuente de seguridad
al guiar mis primeros pasos,
halo en la demora,
crepúsculo de pétalos
que deslíe el cielo,
como ríos develados
al unirse al mar:
sabiduría primigenia
hablando
si persigues la ruta
donde estalla el jardín apacible
latido en mi presencia.
Porque son sabios los ojos
de nuestra Santa Virgen María, madre;
los que emulas desde todos los tiempos,
para que tus frutos benditos
llenen los templos de Dios,
perfectos como círculos
o aureolas santas
regando
nuestras cabezas encendidas.
II
Madre, dadora de luz
Madre, alza tus ojos claros
hasta los etéreos campos del Señor.
Imploro al Dador de la luz,
que te ilumine los ojos
y calme el dolor de tu costado;
que enciendan su luz los objetos,
que aparezcan las Sagradas Escrituras
a sus ojos, Señor.
Tu poderío es magnánimo,
plena tu misericordia.
Haz que mire un sagrado resplandor,
dale alivio a mi madre,
para el dolor,
que es efímero
si la amargura interior se desvanece
al solo invocar de tu sagrada presencia, Señor.
Creed en el omnipotente Dios que hizo las aguas,
el que se enseñorea,
rodeado por cuanta criatura terrena existe.
Creed en las velas sagradas de tus dedos,
que siempre encienden la luz de Marta,
mi madre,
quien se levanta desde todos los tiempos,
a la luz de tu presencia,
¡Señor mío de luz y clamor!
Dios ilumina mi presencia
Dios está alerta a los signos,
ante estertores humanos
acaeciendo a lo largo del tiempo perfecto.
Su tiempo es perfecto.
Cuando otros reinos aclaman nuestra presencia,
no es el designio humano el que rige nuestra ánima,
todavía latente en el mundo.
Como un tambor de luz redoblando vida,
como un torrente claro
cantando en el silencio,
Dios y su sagrada presencia
aclamarán la hora celeste
o más días por clamar
vuestra voluntad en el mundo.
¡Señor de las presencias!
Sé que en toda la extensión de tus manos
dejaré a vuestra voluntad lo que riges.
Tus deseos,
la encomienda de tu santa voluntad,
acato,
hasta que persiga una corriente,
el flujo de las palpitaciones eternas
o el último expiro:
¡Señor, seré tu siervo bajo tus claros designios!
Vuestra fe inderrocable
Un alma tras el espejo
proyecta una plegaria.
Mueve tus manos
alejando recuerdos,
volutas de colores,
cigarras luminosas.
Vendrá la madre
a la palpitante estación
de la vida, como en años
suculentos, en que reíamos
como aquel felino plomo argento,
sanador, alegre, levanta cuerpos
zarpando el presente
con la luz de la alegría.
Jack Farfán Cedrón (Perú, 1973). Ha publicado Pasajero irreal (2005), Gravitación del amor (2010), El Cristo enamorado (2011) y Las consecuencias del infierno (2013). Editor de Kcreatinn Creación y más & Plaquette El Cabuyal, revistas literarias. Otros textos suyos en: Letralia (Venezuela); Periódico de poesía (UNAM), Destiempos, Campos de Plumas (México); Revista de Letras (España); El Hablador, Fórnix, Sol Negro (Perú); Resonancias (Francia); Libros&Letras y Bogotá Ilustrada (Colombia).









