
UNA OPORTUNIDAD PARA SER CAUTIVADO
Darle la oportunidad a un pueblo que parece ser aburrido, con gente de mala fama no parece ser del todo una mala idea, pasar de las principales ciudades del país a visitar el norte, específicamente la Sabana Cordobesa. Un fandango en las afueras de Montería, sonrisas, gritos, carcajadas, una banda de músicos tocando lo nativo de la región, aquel ritmo musical llamado porro sabanero tenía un aroma, un sabor, un gusto sabroso que te transporta en un enigma de sensaciones que eran complejas de expresar. Te sientas a observar este armonioso encuentro, observas niñas, jóvenes, mujeres y ancianas de la tercera edad, gozando este ritmo folclórico con sus faldas rotondas, venteando los rostros sudorosos de los que como al igual que tú están observando este bello fandango. Distraes la vista un rato y al volver en sí visualizas una chispa amarilla en la mano de cada una de las bellas damas, eran las velas adornando el fandango, en su mano caía el esperma de la vela e incluso algunas de ellas la situaban en su cabeza.
Ahora se unen los parejos, los hombres llevaban puesta una camisa color de calabaza, pantalón blanco y el famoso calzado de la zona conocido como las abarcas tres puntadas y el riguroso sombrero vueltiao que protagonizaba la vestimenta de estos bailarines. Las mujeres, aparte de llevar una falda rotonda que cubrían sus tobillos, lucían una blusa que sus mangas eran como la flor oriunda de esta sabana cordobesa, una flor roja con centro amarillo y con pétalos voluminosos recibía el nombre de bonche, la podías encontrar de otros colores, pero el más prominente es el bonche rojo, aparte de estas agraciadas mangas había otro adorno en su cabeza otra flor también muy famosa, pero no tanto como el bonche, lo hacían llamar “coralito” puedes encontrar esta breve flor en el patio de cualquier sabanero, pero en fin continuemos…
Te impresionas que al solo estar observando te brindan la bebida característica de esta zona, un “guarapo” de panela o como lo conocemos en otras zonas del país, agua panela. Refresca tu garganta y te unes a la rueda del fandango, en el centro están los músicos con bombardinos, trompetas, clarinetes, bombos, redoblante, trombones y platillos. Los niños que también se unen a la rueda van descalzos, otros con sus sombreros, ponchos y abarcas, muchos de ellos bailan con la niña que les llama la atención y las sonrisas que se ve en sus rostros son extraordinarias. El fandango terminó a altas horas de la madrugada, pero tu cuerpo no resistió a tanto y decidiste dormir.
Ahora ya amaneció, te reciben con un buen desayuno particular de esta zona, desayunas bajo un rancho de palma y reposas en una hamaca respirando el aire puro de la sabana. Viajas a uno de los mercados más bellos de la región, el mercado de Lorica a orillas del río Sinú, comienzas a sentir la armoniosa melodía que había la noche anterior, escuchas que viene llegando el fandango, empiezas a sentir el ritmo por la sangre, sin necesidad de saber bailarlo te animas y te atrae el sonido, el guapirreo que es conocido como el grito gozoso del caribe se oye y lo sientes en el alma, cuando menos lo esperas te ves rodeado por una multitud de instrumentos, personas, velas y todo esto te cautivo en un sueño del que no quieres despertar.
Esto es la sabana de Colombia, pocos saben que esto existe, y prefieres gozarte esta festividad con gente que te acoge sin conocerte a solo estar acostumbrados a visitar otros lugares que no están tan olvidados como este. Al terminar tu recorrido por estas zonas, te vas feliz y satisfecho, pero ahora cautivo de un pueblo con unas tradiciones hermosas que están comenzando a navegar en el lecho de muerte del Río Sinú.

Jimena Osorio Hernández (Montería, Colombia, 2006). Estudiante de la Fundación Educativa de Montelíbano. Es una joven apasionada por la literatura y el folclor colombiano. Le apasiona leer escritos que rescaten aquellas tradiciones olvidadas que hacen caracterizar su país natal. Admira, apasionadamente, a escritores como Gabriel García Márquez que involucran el realismo mágico de una manera audaz e increíble.
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