
En mi creación comparto el silencio para acercarnos a la intimidad del ser contemporáneo. Profundizar en mi obra pictórica deteniéndome en un proceso reflexivo y técnico coherente, que al igual que el de muchos artistas de nuestra ciudad, permanece oculto a los ojos de la crítica que no busca en la paciente labor de los talleres, sino a la espera conformista de la autoafirmación de sus discípulos.
El proceso pictórico, ha estado marcado por la necesidad de encontrarme con la realidad de mi ser: a partir del arte como instrumento, como médium para reflejar los síntomas externos del alma, ya se manifiesten como dolor o deseo. Si compartimos que la esencia del arte es vida y que a través de su búsqueda transitamos por caminos contradictorios de angustia y esperanza construyendo con nuestras vivencias la imagen del yo contemporáneo, estamos asistiendo al reflejo de nuestra existencia humana por medio de los retratos y paisajes que develo.
Si bien mis pinturas denotan tristeza y no placer por el ocaso que vivimos, es porque mi intención como artista no es pretender mostrar la realidad neutra a la cual estamos sujetos, sino desenmarañar los clises adosados por nuestro crecimiento social, recuperando por medio de la memoria el hilo del recuerdo que tejo en mis retratos psicológicos. Rechazo los temas neutrales para entregarme a la expresión de estados de ánimo intensamente subjetivos, con frecuencia misteriosos y turbadores, pero que no desean otra finalidad que explorar el mundo interior de la conciencia humana.
Si expresionista es aquel que representa de manera sencilla aquello intangible que percibe, aquello que según Débora Arango “Veo en todos los rostros humanos”, nos encontramos en los retratos que pinto ante la misma insistencia. Las repuestas que doy a la existencia son iguales que las de mis predecesores expresionistas, mis inquietudes, convicciones y actitud son las mismas que las de los neo-expresionistas de la década de los ochenta en Alemania, de los artistas de la Transvanguardia italiana o de la llamada “Mala pintura” en el ámbito internacional.
Mi interés es traspasar la barrera de lo epidérmico para ahondar en la psíquico, sondeando los pantanos más profundos de lo “humano” y así realizar, tal vez, como se lo propuso algún día Eduard Munch un gran “friso de la vida humana”.
Mónica María Correa Ortiz (San Cristóbal, Colombia, 1966). Artista plástica, egresada del Instituto de Bellas Artes. Desde 1996 dirige el Taller de pintura infantil “ABRIENDO CAMINOS” en San Cristóbal, Medellín. Ponente en el conversatorio Voz con voz, espacio para resaltar las manifestaciones artísticas y culturales. Parque biblioteca Fernando Botero, Medellín (2016). Su obra “Homenaje a los sueños” ha sido portada de la Revista Ouroboros.












