Clarice Lispector: la experiencia de la creación

Por Yuly A. Durango.

Clarice Lispector (Tchetchelnik, Ucrania 1920 – Río de Janeiro, Brasil 1977). La familia Lispector llega a Brasil en 1922, huyendo de la revolución bolchevique en Rusia. Clarice descubre a temprana edad que quiere contar el mundo con la escritura, desde los trece años escribe cuentos y los guarda celosamente en sus cuadernos. Estudió derecho en la Universidad de Brasil, al tiempo que se iniciaba como periodista en el periódico A Noite.  Es una de las mayores escritoras del siglo XX, su ingenio es comparado con Joyce y Virginia Woolf. Escritora de cuentos, novelas y algunas obras infantiles, entre los que destacan las compilaciones de cuentos Lazos de familia (1960), Legión extranjera (1964) y las novelas Cerca del corazón salvaje (1943), La manzana en lo oscuro (1961), La pasión según G.H. (1977).

Hacia 1975, a Lispector le dio por explorar la pintura. No tenía conocimientos del campo, mas que su viva intuición.  Nos dejó 26 cuadros, sobre todo óleos. Figuras abstractas, manchones, garabatos, cuadros con una expresión viva. Pinturas que dejan la sensación de seguir haciéndose, expresión que nunca acaba. Sin embargo, esta es la parte que más le gustaba, en alguna entrevista expresa que en la pintura queda algo empezado y eso está bien.

A continuación, presento fragmentos de Aprendiendo a vivir, una selección de las crónicas que Clarice publicó en el Jornal do Brasil entre 1967 y 1973. En estas crónicas vemos una Clarice ama de casa que se enfrenta a los problemas cotidianos y domésticos. Buscando la sencillez de la palabra, aunque cargada de reflexión y poesía, ella nunca ostenta ser “literaria o intelectual”; prefiere la vía del conocimiento intuitivo, la libertad de una sensibilidad inteligente.

Luego, tenemos su libro definitivo Un soplo de vida, en palabras de Clarice, “escrito en agonía”, pues nació del impulso doloroso de crear mientras estaba hospitalizada. En este mismo periodo, elaboró La hora de la estrella, la última obra que ve publicada en vida.

Vamos, pues, palabras humeantes llorando alegres en el papel manchado de lo que será un aroma próximo a la muerte, de un aliento y una voz que cumple su juramento existencial en el núcleo de la herida. 

Pero está la vida

Pero está la vida que debe ser intensamente vivida, está el amor. Está el amor. Que debe ser vivido hasta la última gota. Sin ningún miedo. No mata.

Escribir (I)

No se hace una frase. La frase nace.

Locura diferente

La obra de arte es un acto de locura del creador. Pero germina como no-locura y abre camino. Y, sin embargo, es inútil planear esa locura para llegar a la visión del mundo. La pre-visión despierta del sueño lento a la mayoría de los que duermen o de la confusión a los que adivinan que algo está pasando o va a pasar. La locura de los creadores es diferente de los que están mentalmente enfermos. Éstos entre otros motivos que desconozco, se equivocaron en el camino de búsqueda. Son casos para los médicos, mientras que los creadores se realizan con el propio acto de locura.

Pertenecer

Un amigo mío, médico, me aseguró que desde la cuna el niño siente el ambiente, el niño quiere: en él el ser humano desde la cuna ya comenzó. Estoy segura de que en la cuna mi primer deseo fue el de pertenecer. Por motivos que no interesan aquí, de alguna manera yo debía estar sintiendo que no pertenecía a nada ni a nadie. Nací sin motivo. Si en la cuna experimenté esa hambre humana, ésta sigue acompañándome en la vida, como un destino. Al punto de que mi corazón se contrae de envidia y deseo cuando veo una monja: ella pertenece a Dios. Exactamente porque es tan fuerte en mí el hambre de darme a algo o a alguien, es que me volví muy arisca: tengo miedo de revelar cuánto necesito y cuán pobre soy. Lo soy, sí. Muy pobre. Sólo tengo un cuerpo y un alma. Y necesito más que eso. Quién sabe si no empecé a escribir tan pronto en la vida porque, al escribir, por lo menos me pertenecía un poco a mí misma. Lo que es un triste facsímil.

Fragmentos de Un soplo de vida. (Pulsaciones), 1978.

No hago literatura: solo vivo al paso del tiempo. El resultado fatal de que yo viva es el acto de escribir. Hace tantos años que me perdí de vista que vacilo en intentar encontrarme. Me da miedo comenzar. Existir me da a veces taquicardia. Me da tanto miedo ser yo. Soy tan peligroso. Me pusieron un nombre y me apartaron de mí.

Esto no es una lamentación, es el grito de un ave de rapiña. Irisada e inquieta. Un beso en la cara muerta. Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida. Vivir es una especie de locura que la muerte comete. Porque en ellos vivimos, vivan los muertos. De repente las cosas no tienen por qué tener sentido. Me satisfago en ser. ¿Tú eres? Estoy seguro de que sí. El sinsentido de las cosas me provoca una sonrisa de complacencia. Todo, sin duda, debe de estar siendo lo que es.

Acabo de entrar en mí y estoy tan asustada que ya quiero salir. Descubro que estoy más allá de la voracidad. Soy un ímpetu partido por el medio. Pero de vez en cuando voy a un hotel impersonal, sola, sin nada que hacer, para quedarme desnuda y sin función. ¿Pensar es tener una función? Al pensar, verdaderamente me vacío. En la habitación del hotel, sola, me alimento con una satisfacción grosera y animal. Por un momento es satisfacción verdadera, pero se aquieta enseguida. Y entonces me voy a mi castillo. Voy a mi preciosa soledad. Al recogimiento. Estoy descoyuntada. Pero ya comienzo a distinguir un brillo en el aire. Un sortilegio. Mi sala es una sonrisa. En ella existen vitrales. Los colores son rojo catedral, verde esmeralda, amarillo sol y azul azulona. La prueba de que estoy recuperando la salud mental es que cada minuto que pasa me vuelvo más permisiva: me permito más libertad y más experiencias. Y acepto el azar. Anhelo lo que aún no he experimentado. Mayor espacio psíquico. Estoy felizmente más loca. Y mi ignorancia aumenta. Se paga con prisión la vida: palabra bonita, orgánica, mañosa…

Principales obras:

• Cerca del corazón salvaje (1944)
• La lámpara (1946)
• La ciudad sitiada (1948)
• La pasión según G.H. (1964)
• Agua viva (1973)
• La hora de la estrella (1977)
• Un soplo de vida (1978)

Colección de cuentos:
• Lazos de familia (1960)
• La legión extranjera (1964)
• Felicidad clandestina (1971)

Bibliografía

Lispector, Clarice. (2007). Aprendiendo a vivir y otras crónicas. Madrid: Siruela.
Lispector, Clarice. (2015). Un soplo de vida (Pulsaciones). Madrid: Siruela.

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