Vladimir Bravo Bernal / ILUMINACIONES

Una Historia Cotidiana


No hay duda, la ruptura con Camila me ha pesado mucho y aunque realmente me siento satisfecho con mi vida, ella le agregaba un toque especial. No quería que se fuera, pero parecía algo inevitable. Hace tiempo que la senda se había tornado tortuosa y las emociones inestables. En ocasiones había fuego, otras un hielo incomprensible, lo que llevó a que en mi mente se formen mares de dudas sin que yo pueda ni por asomo comprender qué era lo que ocurría.
La incertidumbre como una cruel constante se hacía presente, ¿Qué era lo que realmente había sentido por mí?, ¿Cómo un amor del que en principio estaba seguro terminó por dejar clavada en mi cabeza la pregunta de si realmente alguna vez ella me quiso de verdad?, de lo único de lo que si estaba seguro es de lo mucho que yo la había llegado a querer.
Ya sea que la llama nunca haya existido o si se fue apagando de a poco y no supimos o quisimos reanimarla, el resultado fue un último encuentro de los dos. Una tarde en la única cafetería que encontramos, cuyas lúgubres luces armonizaban perfectamente con esa atmosfera de despedida. Eso y la prisa de los dependientes que ansiosos por cerrar el establecimiento levantando las sillas, trapeando el piso, cerrando las ventanas.
Y yo con esa pequeña taza de café en la mano, deseoso de que el tiempo se detuviera para no tener que despedirme de Camila, aunque ya lo había decidido, para mis adentros mi corazón se rehusaba a no volver a verla, como ansiaba besar su boca. En fin, las cosas no ocurrieron como lo había imaginado en un poema previo a la cita que escribí y no se lo recite.


ANEXO POEMA DE DESPEDIDA QUE NO OCURRIO, LA REALIDAD MUCHAS VECES DIFIERE DE LA FANTASÍA Y ES AÚN MÁS PINTORESCA.


DESPEDIDA


Cuanto deseaba verla,
un dolor pinchaba mi pecho,
y con el pasar de las horas se hacía más grande,
me aterraba aquella proximidad del encuentro pactado,
Pues sabía que esta sería la última vez que vería sus grandes ojos.
Oscuros como el amargo brebaje almendrado de esta pequeña taza que bebo lentamente,
Como tratando de detener el tiempo…


Terminado nuestro café y ante la imposibilidad de seguir hablando en aquel sitio salimos y buscamos un lugar tranquilo donde sentarnos a seguir conversando, ya había oscurecido y el aire se tornaba frío, los dos dijimos algunas cosas que sentíamos y pensábamos acerca del otro, fue una conversación agradable.
Le pedí un beso de despedida, pero se negó. Finalmente nos despedimos en la estación del metro con un abrazo y deseándonos mutuamente buena fortuna en nuestras vidas para luego cada cual tomar su camino. Yo la veía descender por las escaleras con una escuálida esperanza de que se diera vuelta y regresara para decirme que no quería irse, nunca ocurrió.
A eso le siguieron un par de días de calma y silencio donde no pensé en nada para luego empezar una larga jornada de noches sin dormir, sueños entrecortados y mañanas con pesadumbre, simplemente su recuerdo me visitaba demasiado, lo peor, esas madrugadas con el impulso de llamarla, pero de que serviría. Ansioso, con ganas de hablar con alguien, impulso que fue frenado por la consideración modesta de no interrumpir el sueño de mis amistades hizo que me abstenga.
Otra de esas noches revisaba las redes sociales tratando de encontrar algún amigo radicado en el extranjero o algún trasnochador que estuviese conectado, pero fue en vano, en su mayoría las redes sociales estaban desiertas de vida. Sentado sobre mi cama que ni siquiera había destendido fumaba su recuerdo y bebía el amargo de su ausencia. En eso me hallaba cuando por casualidad asomó a mi encuentro un infame video de tarot, su título decía ¿Qué está pensando esa persona de ti? Atrapó mi atención a lo que le siguió la visión de unas blancas manos de uñas largas barajando los naipes de filos dorados y diseños de la Europa medieval a la luz de las velas.
El mensaje de que está enamorada y regresaría fue el placebo de breves minutos que avivó mi esperanza, aunque tardé unos minutos en reconocerlo. Tonterías, me había dicho a mí mismo para luego seguir viendo video tras video que como avalancha fueron mostrados por el algoritmo de la app. Aparecían videos de diferentes tarotistas con mensajes similares que se sintieron como micro dosis de un bálsamo para un corazón herido. En las noches siguientes en esos interminables insomnios veía con atención los videos.
¿Qué significas para esa persona?, ¿Todavía te ama? ¿Ella te recuerda?, ¿Volverá a buscarte?
Camila, Camila cuando regresarás, me repetía mientras recibía expectante los pañitos de ilusión nocturna vertidas por diferentes voces y cartas de variadísimos colores de diseños llamativos.
Ya sea mujeres u hombres de edades y apariencias variadas desde chicas atractivas hasta personajes de apariencia mística y extravagante. Y ni que decir sobre las barajas tan diversas como sus dueños; las habían de filos dorados o plateados metalizados, colores variadísimos con diseños cuyos personajes iban desde los medievales antes mencionados, personajes de estilo gótico, deportistas, animalitos (recuerdo el de un capibara muy divertido) hasta unas figuraciones futuristas estilo pintura al óleo.
El ilusionarme con aquellas cosas me generaba un cierto nivel de vergüenza, ya que nunca antes me había interesado en temas esotéricos y astrales, de hecho, siempre había mantenido una posición escéptica pensado en ello como simples estafas. Esta vergüenza me llevó a que solo consuma este contenido durante las noches, cobijado por la calma de la soledad y el silencio.
El recuerdo de Cami me perseguía incluso durante las horas del día cuando escapaba del trabajo para “despejar la mente”, escuchaba su nombre en todas partes, en un bus una madre reprendía a una niña peinada con cachitos ¡Quieta Camila deja de ser tan traviesa!, al caminar por la calle un pintoresco letrero “Las delicias de Camilita” en una pequeña picantería del sur, incluso al ir por un café en la conocida cafetería de logo rojo con insistencia un joven cajero llamaba a una distraída Camila que tardaba en acercarse por su pedido. No cito otros momentos en los que también me encontré con su nombre para no aburrir al lector.
Entre video y video aparecían unos que rayaban en lo absurdo. El nombre de tu persona especial tiene la letra de tu tercer contacto de whatsapp o es la tercera persona que te aparece al compartir, hasta a modo de juego te encuentras con que tu persona especial resulta ser el Sr Pérez cliente de Manta o uno de tus amigos de parranda. Otros videos de tinte más amenazante advertían: si no compartes este video esta profecía no se cumplirá y él o ella no volverá a ti.
También había las transmisiones en vivo llenas de personas conectadas haciendo preguntas principalmente mujeres a quienes la tarotista respondía con respuestas apuradas pidiendo con frecuencia que la persona consultante se contacte por interno ya que necesita limpia energética, las preguntas más frecuentes eran sobre amor: ¿ Regresara la persona que amo?, ¿Estoy embarazada de fulanito de tal?, ¿zutanito me hará una propuesta de matrimonio?, ¿mi esposo me es infiel? Otras personas preguntaban, ¿conseguiré trabajo pronto? ¿Me ganaré la lotería? ¿Lograré realizar ese viaje que deseo? ¿Mi familiar recuperará la salud?
Todas estas preguntas evidenciaban una necesidad muy humana en nosotros como lo es el amar y ser amado por otros, además de esa expectativa constante por saber cuál será nuestro porvenir, qué nos traerá la vida en el futuro, cómo prepararnos para recibirlo en caso de tener predicciones alentadoras y cómo enfrentarlo o escapar en caso de no ser alentadora la predicción. Siento que es una trampa de la que nos cuesta salir y que la mayoría albergamos estos pensamientos, aunque nos encarguemos de ocultarlo muy bien.
Aquellas transmisiones en vivo me parecieron menos fiables que las lecturas en las que el tarotista ampliaba y desarrollaba más el mensaje, incluso los naipes, no sé si por simple coincidencia o por el desgaste al que estaban expuesto con tanta lectura apresurada, me resultaban menos llamativos, incluso feos, de aspecto envejecido y sucio. No pregunté nada en aquellas transmisiones, pero si despertó mi curiosidad por buscar que alguien me lea las cartas de manera específica al menos por una vez.
El reto ahora era encontrar una persona que me inspire la suficiente confianza. No fue tan difícil encontrar alguien que me ayude para dicho fin. Busque una persona que fuera de mi ciudad, enfocándome en que se trate de alguien que además del tarot trabaje en otras áreas, que se interese también por otros temas principalmente sociales, capaz de empatizar con otros, me sentiría más en confianza hablando con alguien que tenga un pensamiento crítico y no sea un fanático, un santero o brujo.
Yo buscaba una persona que no me trate de vender algún tipo de artilugio o hechizo mágico como se ve ocasionalmente en anuncios pegados en postes, en los que te ofrecen además de la lectura de tarot, amarres y pociones para el amor, limpias, la curación del alcoholismo o llegaban al extremo de ofrecer quitar la homosexualidad.
La persona escogida fue una chica joven, que leía bastante de temas diversos, se interesaba en las causas sociales, además debo reconocerlo, me resultaba muy atractiva, bastante sobria y frontal en su manera de comunicarse.
La lectura de su mazo de cartas fue diferente, pues estuvo más orientada a que yo tenía un bloqueo emocional, una necesidad de cerrar algunos ciclos y encargarme más de mí mismo, desaprendiendo hábitos nocivos para mi vida y me invitaba a una deconstrucción y autoconocimiento.
Me impactó profundamente cuando me dijo “no agradeces lo que tienes y solo fantaseas con poseer otras cosas”, eso me dolió ya que lamentablemente tenía razón, y me quedó resonando en la mente la idea de ser más grato con aquellas cosas que recibía de la vida. Yo tenía una buena vida y lo había olvidado. De Camila solo me dijo que regresaría a mi vida en algún momento, pero que no la espere. De cierta manera, aunque no es lo que yo quería escuchar, su lectura me reconfortó.
En adelante decidí ya no ver más videos de tarot y retomar aquellas actividades que durante ese tiempo había descuidado, tratando de comprender que ningún tarot me devolvería ni repararía una relación rota. Que tampoco encontraría su esencia en los brazos, los besos, las caricias y el sexo con otras mujeres ya que cada ser humano es distinto.
Entender que nuestra presencia en la vida de otros es limitada, a veces larga, a veces corta, pero al fin y al cabo somos como aves migratorias que en ocasiones tocamos con nuestro pico las vidas de los otros, aprendiendo y dejando enseñanzas. Que en otras ocasiones somos como buitres (nobles e incomprendidas criaturas que devoran muerte y olvido) hambrientos del caos y el dolor pero que una vez acabado con la carroña o saciada nuestra hambre debemos nuevamente emprender el vuelo.
Que el encontrarme con su nombre no era ninguna especie de señal del destino. Sino la simple coincidencia de que su nombre era común y así como ella, había otras tantas miles de Camilas regadas por la ciudad, muy distintas a la que mi corazón ansiaba.
No volvería a ver el brillo que tomaba su rubia cabellera al contacto con los rayos del sol, ni la suavidad de su rostro poco maquillado, ni levantaría su pequeño cuerpo entre mis brazos, ni vería sus grandes ojos marrón, ni gozaría más de su pasión, pero lo que más extrañaría es la forma que dibujaba su rostro cuando sonreía.
Solté la cuerda de la cometa que era para mí su recuerdo y la dejé volar hacia donde su corazón lo decida, sigo adelante con mis cosas, que son muchas, conociendo otra gente y aprendiendo lo que la vida me enseña, y alguna que otra ocasión cuando la nostalgia trae de vuelta su sonrisa a mi memoria, honro su recuerdo devolviéndole una sonrisa y sigo mi camino, unas veces alegre otras veces triste, pero siempre avanzando en mi búsqueda de algo que todavía no sé qué es.
También entendí que en este mundo no estamos tan solos como pensamos, al mismo tiempo que uno le hace frente a una obsesión o supera una ruptura compleja otros tantos y tantas luchan en distintos escenarios geográficos frente a los mismos demonios ya sea armados de tarotistas, brujos, psicólogos, gurus espirituales, couchs, grupos de autoayuda. Todos seres humanos llenos de amores, deseos y pasiones, tan distintos y a la vez similares, temerosos de la soledad con solo la muerte por certeza.


Y si por curiosidad el lector desea saber si Camila regreso, Pues no, no fue así o todavía no, quien sabe. Tal vez el Tarot “ha ha”.


Nota: Compré unas cartas de tarot, no he aprendido a leerlo, peor aún interpretarlo, es un bello adorno en mis objetos y recuerdos con el que en un par de ocasiones reunido con amigos fingí leerles las cartas simulando seriedad para terminar inventando alguna absurda historia con la que matarnos de la risa. Aun así, respeto a las personas que han hecho de estas artísticas cartas una herramienta de autoconocimiento y desarrollo personal.

Vladimir Bravo Bernal (Ecuador): Escritor. Licenciado en Comunicación Social y obrero independiente. Nacido el 8 de septiembre de 1988 en Monte Olivo, cantón Bolívar, provincia del Carchi y radicado en la ciudad de Quito – Ecuador. Lector entusiasta de los grandes escritores latinoamericanos, dedica sus tiempos libres a escribir canciones, cuentos, poemas y la creación de videos cortos de divulgación de autores diversos principalmente latinoamericanos, para fomentar el  consumo de poesía en redes sociales.

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